Nunca fueron a terapia. No hicieron nunca cola en la sala de ningún psicólogo. CorrÃan al océano y no eran chamanes. No sabÃan inglés y el “coaching†apareció cuando ellos ya habÃan cumplido. No alcanzaron a preguntarle nada. A menudo sistematizamos, extraemos teorÃas, elaboramos método, generamos terapias…, pero olvidamos los kilómetros de costa de que goza el mar, pasamos por alto su generosidad ancestral, sus dádivas sin fin. DesoÃmos sobre todo que el amor vence todos los abismos. Algo de ese amor, siquiera en su más limitada y parca expresión, mora en todo ser humano. Ellos salieron al paso con la ayuda de esos corazones y esos mares anchos. Deseo honrar esa generación que no racionalizaban y conceptualizaban tanto. Se abandonaban más a un Horizonte que sabÃan eterno y menos a una pantalla siempre más chica y caduca. Su espiritualidad no alcanzó las nieves de los Himalayas, pero sin embargo hundió bien adentro. No prendieron ningún sándalo, no quisieron importunar siquiera con nuevas resinas. No llevaron ningún “mantram†en sánscrito a sus labios. Ningún Maestro oriental les colgó del cuello ningún mala. El último aliento les cogió con el mismo nombre con el que vinieron al mundo. No contestamos nuestra hora, sólo pedimos para nosotros, para el mundo y este momento, más mar, más fe llana, más “Paseo Nuevo†y menos “Tik Tokâ€, menos retórica espiritual, devoción de tendencia. A la vuelta de todos nuestros cursos y costosos “trainings†estamos aquà sencillamente honrándoles, buscando su atalaya, concluyendo que, en muy grande medida, tenÃan razón. TenÃan menos, pero eran más agradecidos y por ende felices. No ahorraron postración ante el Dios de todos los océanos. Han partido y nosotros estamos preguntando por las olas más cercanas, por la costa con más aparcamiento y oÃdos. Volvemos al mar, a su fuente de Vida e inspiración eterna. No han caducado sus atalayas, sólo necesitan más ventanas para asomarnos a ellas. Si no honramos a quienes ayer nos dieron vida y horizonte, si no incluimos sus miradas sencillas, inocentes, sus campanarios de vieja sillerÃa…, nadie se moleste en soñar futuro. |
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